sábado, 25 de agosto de 2007

La Lluvia de Estrellas Aurigidas de 2007

Luces Extrañas: La Lluvia de Estrellas Aurigidas de 2007
La lluvia de meteoros Aurigidas es misteriosa respecto de su origen y de su intensidad. No deje de admirarla la primera noche de septiembre.





El próximo 1 de septiembre de 2007, una ráfaga de brillantes y extrañamente coloridos meteoros podría emanar de la constelacción de Auriga, montando de ese modo un bello espectáculo, temprano por la mañana, para los observadores del cielo situados en el oeste de América del Norte: ver mapa del cielo.

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El origen de la supuesta lluvia es el cometa Kiess (C/1911 N1), un misterioso cometa de periodos orbitales largos, que visitó el sistema solar interno sólo dos veces en los últimos dos mil años. En 83 antes de Jesucristo, siglos más siglos menos, el cometa Kiess pasó cerca del Sol y dejó una estela de polvorientos escombros que se han desplazado hacia la órbita de la Tierra desde entonces. El 1 de septiembre de 2007, esa estela polvorienta y la Tierra se encontrarán.

¿Pero la lluvia realmente se materializará? La respuesta yace en el contenido desconocido de la estela de escombros.

"Tenemos muy poca experiencia con escombros antiguos de cometas de periodos orbitales largos", destaca Bill Cooke, de la Oficina de Medio Ambiente de Meteoroides de la NASA (Meteoroid Environment Office o MEO, en idioma inglés), en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales. "Casi cualquier cosa podría ocurrir, desde su extinción hasta una bella lluvia de meteoros".

Los astrónomos fueron alertados hace siete años sobre la posibilidad de que se produjera una lluvia de meteoros por el astrónomo finlandés Esko Lyytinen y por Peter Jenniskens, del Instituto SETI, en Mountain View, California (ambos son expertos pronosticadores de meteoros, que estudian la dinámica de las estelas de polvo de los cometas). Desde entonces, Jenniskens se ha unido con Jeremie Vaubaillon, del Instituto Tecnológico de California (Caltech), para refinar el pronóstico usando los modelos para estelas de escombros desarrollados por Vaubaillon.

"Esperamos que el evento alcance su máximo a las 11.36 Hora Universal (4.36 a.m., Hora del Pacífico en Estados Unidos) +/- 20 minutos del próximo 1 de septiembre", dice Jenniskens. "El evento completo debería durar alrededor de 2 horas y debería ser visible desde California, Oregon, Hawai y la zona este del Océano Pacifico".


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Arriba: La Tierra a la hora del máximo predicho para la lluvia. La oscuridad favorece a los observadores del cielo ubicados al oeste de las Montañas Rocallosas.
Un modelo independiente de la estela de escombros calculado por Danielle Moser, un colega de Cooke en el MEO, predice que el máximo se producirá a las 11.26 UT (Hora Universal). "Eso concuerda bastante con Jenniskens y Vaubaillon", dice Cooke. "Sin embargo, nuestro modelo predice una estela prácticamente vacía y una lluvia muy débil".

"Personalmente, pienso que la frecuencia de meteoros llegará a los 100 por hora en el mejor de los casos", relata Vaubaillon, "pero algunos colegas son mas optimistas, así que ¡suspenso, suspenso!", exclama.

Durante el siglo pasado, la Tierra tuvo, al menos, tres encuentros con la estela de escombros —en 1935, 1986 y 1994. Lamentablemente, había pocas personas que estaban al aire libre atentas a estos eventos. El encuentro que mejor se pudo observar tuvo lugar en 1994, cuando los veteranos observadores de meteoros Bob Lunsford y George Zay, del sur de California, fueron testigo de una cantidad de brillantes meteoros de color azul verdoso que emergían de Auriga. La breve lluvia fue extraordinaria por su evidente falta de meteoros tenues y por los vívidos colores —características que se podrían repetir el 1 de septiembre.


Los cometas de periodos orbitales largos casi siempre nos toman por sorpresa. Ellos permanecen en el sistema solar exterior, escondidos en la oscuridad durante miles o millones de años hasta que sus lentas órbitas los llevan hacia el Sol y ¡hacia allá se precipitan! Debido a este factor sorpresa, los cometas de periodos orbitales largos constituyen una amenaza única respecto de los impactos. Jenniskens y otros investigadores están entusiasmados por estudiar lluvias de meteoros de cometas de periodos orbitales largos porque las lluvias podrían ser un "aviso" de que hay un cometa por ahí y la órbita de los meteoroides puede revelar dónde.

Los meteoros de cometas de periodos orbitales largos pueden ser muy primitivos. Tenga en cuenta lo siguiente: la mayoría de las lluvias de estrellas (por ejemplo las Perseidas y las Leónidas) son causadas por cometas de periodos orbitales cortos, los cuales pasan por el sistema solar interno en algunas décadas o, cuando mucho, siglos. Sus superficies heladas son frecuentemente calentadas y vaporizadas por la intensa luz solar y, en consecuencia, el polvo cometario que producen es fresco. Por otro lado, los cometas de periodos orbitales largos son raramente azotados por el Sol y sus superficies pueden retener sustancias antiguas formadas por miles de millones de años de exposición a rayos cósmicos en el sistema solar exterior. Las cáscaras de esta "corteza prístina" pueden producir colores raros cuando golpean contra la atmósfera de la Tierra.

¿Es por ello que los meteoros de las Aurigidas de 1994 fueron de color azul verdoso? ¿Se trató de trozos de la corteza prístina del cometa Kiess? Una vez más, nadie lo sabe.

Jenniskens destaca que otro evento de meteoros extraño fue el de las Alfa-Monocerótidas, de 1995, que también, se piensa, provienen de un cometa de periodo orbital largo desconocido: "Las Alfa-Monocerótidas penetraron 5 km más en la atmósfera que otros meteoros de tamaño y velocidad similares y tenían un contenido de sodio inusualmente bajo".


Para llegar al fondo de algunos de estos misterios, Jenniskens y sus colegas del Centro de Investigaciones Ames, de la NASA, de la Universidad Estatal de Utah, de la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF, en idioma inglés) y de otros lugares abordarán dos aviones privados para observar las Aurigidas desde el cielo claro, a 45.000 pies. Los investigadores utilizarán espectrómetros, cámaras y telescopios para medir la velocidad, la penetración y la composición química de los meteoroides que ingresan a la atmósfera.

Bill Cooke, del MEO, no viajará con ellos, pero desea mucha suerte a los pasajeros. "Si esta lluvia se produce, la información que recolecten puede aportar nuevos datos acerca de una importante población de meteoroides en el sistema solar. Además, sería un buen espectáculo para la gente en la superficie."

1 de septiembre de 2007: la fecha de las respuestas.

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